La salud mental también forma parte del uniforme

28/04/2026

La salud mental también forma parte del uniforme

La exposición reiterada al conflicto, la presión de tomar decisiones en pocos segundos, el contacto con víctimas, la violencia, los accidentes o la muerte forman parte de una realidad profesional que no termina cuando concluye el servicio. El trabajo policial deja una huella emocional y reconocerla no supone cuestionar la fortaleza de quienes visten el uniforme, sino comprender mejor las exigencias de su profesión. Esta fue una de las principales reflexiones abordadas durante el VII Encuentro de Mujeres Policías Locales de Extremadura, celebrado en Almendralejo bajo el lema «Protegiendo a quienes nos protegen, desde una perspectiva transversal».

Las intervenciones coincidieron en una idea esencial: el cuidado psicológico de los profesionales de la seguridad no puede depender únicamente de la capacidad individual para resistir. También exige prevención, formación, liderazgo responsable y recursos institucionales accesibles.

Cuando la exigencia se convierte en desgaste

El estrés es una respuesta habitual ante situaciones de riesgo o elevada responsabilidad. Puede ayudar a reaccionar con rapidez y mantener la atención durante una intervención, pero su acumulación prolongada puede afectar al descanso, al estado de ánimo, a las relaciones personales y a la capacidad para tomar decisiones.

La inspectora de la Policía Nacional y psicóloga Rosalina Rodríguez González aportó su experiencia en negociación policial, comportamiento humano y prevención de riesgos laborales en contextos operativos de alta exigencia. Su intervención permitió profundizar en la influencia que tienen las emociones sobre la conducta y en la necesidad de aprender a reconocer las respuestas que aparecen después de una actuación especialmente compleja. Irritabilidad, dificultad para dormir, aislamiento, hipervigilancia, cansancio persistente o pérdida de motivación pueden normalizarse dentro de la rutina policial. Sin embargo, ignorar estas señales no hace que desaparezcan. Puede provocar que el malestar se mantenga y termine afectando tanto a la vida personal como al desempeño profesional. La prevención comienza, por tanto, con la capacidad para identificar los primeros indicios de desgaste y disponer de espacios seguros en los que hablar de ellos.

Pedir ayuda no es un signo de debilidad

Uno de los principales obstáculos para abordar la salud mental en los cuerpos de seguridad continúa siendo el estigma. La cultura profesional ha asociado tradicionalmente la fortaleza con la resistencia silenciosa, como si admitir una dificultad emocional fuera incompatible con la capacidad para desempeñar el trabajo policial. El encuentro puso de manifiesto la necesidad de superar esa visión. Pedir apoyo no convierte a un agente en menos competente. Al contrario, permite actuar antes de que una situación manejable se transforme en un problema más grave.

Para conseguirlo no basta con recomendar a los profesionales que busquen ayuda. Las organizaciones deben garantizar recursos confidenciales, accesibles y adaptados a las características del trabajo policial. También deben transmitir con claridad que acudir a ellos no supondrá un perjuicio profesional ni será interpretado como una falta de capacidad. La confianza es imprescindible. Si el profesional teme ser señalado, apartado o juzgado, probablemente ocultará el problema hasta que resulte mucho más difícil intervenir.

El papel de los mandos

La protección de la salud mental también depende del modelo de liderazgo. Los mandos ocupan una posición fundamental para detectar cambios de conducta, escuchar, distribuir adecuadamente las cargas de trabajo y favorecer un clima en el que sea posible expresar una dificultad sin temor.

La comandante de la Guardia Civil María Aurora Vicente Jiménez trasladó al encuentro su experiencia en unidades operativas, Policía Judicial, seguridad vial, formación y liderazgo. Desde esta perspectiva, quedó patente que dirigir un equipo no consiste únicamente en organizar servicios y exigir resultados. También implica conocer a las personas, detectar señales de sobrecarga y comprender que el bienestar del grupo influye directamente en su funcionamiento. La respuesta ante una intervención crítica no debería limitarse a comprobar que el servicio ha quedado resuelto administrativamente. Resulta necesario atender también a cómo ha afectado a quienes participaron en él y facilitar, cuando sea preciso, un seguimiento posterior.

Conciliación y salud mental: dos realidades inseparables

La mesa redonda «La conciliación: un reto del presente y del futuro» amplió el análisis más allá de los episodios traumáticos. La salud mental también está relacionada con los turnos, la falta de descanso, las dificultades para organizar la vida familiar y la sensación de no llegar adecuadamente a ninguno de los ámbitos.

La intendenta jefa de la Policía Local de Talavera de la Reina, Tania de Torres Suárez, aportó su experiencia jurídica, policial y de dirección para abordar los desafíos organizativos que plantea la conciliación dentro de los cuerpos de seguridad. Esta cuestión afecta al conjunto de la plantilla, aunque puede tener una incidencia particular sobre las mujeres cuando continúan asumiendo una parte desproporcionada de las responsabilidades familiares y de cuidados. Por ello, hablar de conciliación no significa solicitar privilegios, sino plantear medidas que permitan desarrollar una carrera profesional en condiciones de igualdad.

Una planificación adecuada de los servicios, criterios transparentes, corresponsabilidad y medidas realistas de conciliación pueden reducir el desgaste y mejorar el compromiso de los profesionales con la organización.

Cuidar al profesional mejora el servicio

La salud mental no es un asunto exclusivamente privado. Sus consecuencias alcanzan al equipo, a la organización y a la ciudadanía. Un profesional emocionalmente agotado puede tener mayores dificultades para concentrarse, comunicarse o gestionar adecuadamente situaciones de tensión. Por el contrario, una plantilla formada, apoyada y con recursos suficientes está en mejores condiciones para tomar decisiones, resolver conflictos y prestar un servicio cercano y eficaz. Invertir en bienestar psicológico no debe entenderse como un gasto accesorio. Es una medida preventiva que contribuye a reducir bajas laborales, evitar el deterioro de los equipos y mejorar la calidad del servicio público.

Del discurso a las medidas concretas

El VII Encuentro permitió identificar varias líneas sobre las que resulta necesario seguir avanzando:

  • Incorporar la salud mental a la prevención de riesgos laborales de manera estable.

  • Formar a agentes y mandos en gestión emocional y detección temprana del desgaste.

  • Establecer protocolos de apoyo después de intervenciones especialmente críticas.

  • Facilitar atención psicológica especializada, confidencial y adaptada al trabajo policial.

  • Promover liderazgos basados en la escucha, la prevención y el cuidado de los equipos.

  • Mejorar las medidas de conciliación y la planificación de los servicios.

  • Combatir el estigma asociado a la petición de ayuda.

  • Favorecer redes de apoyo entre profesionales.

El reto ahora es que estas reflexiones no queden limitadas a una jornada formativa. La salud mental debe integrarse en la gestión cotidiana de los cuerpos policiales mediante decisiones, recursos y procedimientos concretos.

Desde ASEMPOL defendemos que proteger a quienes nos protegen exige mirar más allá del uniforme. Detrás de cada intervención hay una persona sometida a presión, con responsabilidades familiares y con una vida emocional que también necesita ser atendida.

Reconocer esta realidad no debilita la profesión policial. La hace más humana, más responsable y mejor preparada para responder a las necesidades de la ciudadanía.